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No soy politólogo, ni sociológo, ni historiador, ni critico literario. Tampoco soy profesor, escritor o músico. Aunque les confieso que me gustaría ser algo de todo lo que mencione. Vivimos tiempos cruciales, intensos. No es momento de callarse la boca, de cruzarse de brazos. El pensamiento y la acción ponen en movimiento las ideas. Ellas siempre nacen crudas, incompletas, imperfectas. Razonarlas a fuego lento, difundiéndolas y discutiéndolas, es tarea crucial de la existencia. En éste, mi blog, intento concretar esa tarea. Te invito a pasar, si tus intenciones son reflexionar, argumentar y debatir con respeto por la opinión del otro.

21 ene. 2011

¿FICCIONES DE UNA MEMORIA? parte 3

El año 1988 habría de significar una bisagra en mi vida. Ese verano había viajado de vacaciones a Tucumán, luego de trece años desde la última vez que habíamos estado alli, y el trato y las salidas con mis primas mayores habían actuado en mi definitivamente. Me sentía algo más maduro, seguro de mi mísmo. En marzo de ese año se iniciaban mis dos últimos años de secundaria en la Escuela de Educación Media N°2 Don Luis Piedrabuena de San Francisco Solano. Mi familia vivía a sólo diez cuadras de la calle principal de la ciudad así que, salvo los días de fuertes lluvias, íbamos caminando al colegio. Y digo "íbamos"porque desde el año 1986 mi hermano Rubén comenzó a ser mi acompañante en esas caminatas. El lunes 21 de marzo escribí en mi diario personal: "Hoy debían comenzar las clases para los alumnos secundarios, pero continúa vigente el paro docente. Cuando llegué a la esquina del banco Credicoop, dónde siempre nos reuníamos antes de ingresar al colegio, lo encontré a Moyano. Luego llegó Caceres y después Gimenez. Más tarde llegó Calderón y me dijo que se había cambiado del pedagógico al contable. Me dijeron que Benitez y Escobar, junto con Pietracone y Gallardo, que fueron "echados" del colegio, han quedado en el camino. / Después entramos adentro y la directora dijo unas palabras, seguramente tratando de explicar las razones que impedían el inicio normal de las clases. Al salir lo encontramos a "Pacha" y fuimos para la casa de Tupone. Estuvimos un rato charlando y luego nos fuimos junto con Tupone hasta la parada del colectivo ya que él tenía que ir a Quilmes. / De tercer año hemos quedado 10 varones: 4 del primer año (Caceres, Gimenez, Tupone y yo); 3 del segundo año (Moyano, Pacha y Esquivel); y 3 del tercer año (Alfieri, Calderón y Gonzalez). Se dice que de mi división del año pasado repitieron 13 o 16" / Por aquel entonces, y salvo que hubieses repetido uno o más años, la secundaria tenía una duración de 5 años para los bachilleres contable o pedagógico y de 6 años para quienes decidían ir a una escuela técnica. Esa situación de tener que elegir entre el bachiller contable y el pedagógico cuando llegabas al cuarto año potenciaban el carácter de bisagra que destaqué al inicio del relato. Y en cuarto año, además, y como en los dos años anteriores, se sumaban a tu grupo los alumnos que venían de un tercer año diferente al tuyo. Ya ese 21 de marzo de 1988 hacía especulaciones de cuantos seríamos en cuarto año y de quiénes serían mis nuevos compañeros: "De los varones del otro tercero vi como a ocho pibes pero seguramente han de faltar algunos. Así que sumaremos como 20 varones". Ese cálculo estuvo muy cerca de la realidad ya que, finalmente, terminamos siendo 19 varones en el cuarto año contable del turno mañana. / En esos años de secundaria y adolescencia, la amistad, al igual que el amor, adquiere preponderancia descomunal, absoluta. Todo, o casi todo, gira en torno de los amigos. Son durante esos años que se edifican las amistades más duraderas y también dónde se derrumban las más efímeras, las más precarias. Durante mis tres primeros años en el Piedrabuena había forjado una poderosa amistad con Carlos Alberto Benitez. De pronto, antes de iniciar el cuarto año me encontraba con la noticia que no había pasado de año. Así lo reflejé ese 21 de marzo de 1988: "A las dos de la tarde fui a la casa de Benitez, y las versiones se confirmaron. Había repetido. Cuando llegué a su casa estaba durmiendo. Un rato antes había regresado desde la capital. Había ido a buscar trabajo. También se inscribió en una escuela de Quilmes, en el turno noche. Le pedí unas cosas que le había prestado el año pasado, conversamos un buen rato y nos despedimos. Antes de hacerlo me contó que repitieron Gianico, Serrano, Rodriguez Marcela, Spadano, Berger, Aragón, Zabala y otras más. Quizás Ramirez también repitió". //

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