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No soy politólogo, ni sociológo, ni historiador, ni critico literario. Tampoco soy profesor, escritor o músico. Aunque les confieso que me gustaría ser algo de todo lo que mencione. Vivimos tiempos cruciales, intensos. No es momento de callarse la boca, de cruzarse de brazos. El pensamiento y la acción ponen en movimiento las ideas. Ellas siempre nacen crudas, incompletas, imperfectas. Razonarlas a fuego lento, difundiéndolas y discutiéndolas, es tarea crucial de la existencia. En éste, mi blog, intento concretar esa tarea. Te invito a pasar, si tus intenciones son reflexionar, argumentar y debatir con respeto por la opinión del otro.

3 ene. 2011

FICCIONES DE UNA MEMORIA?

Por lo visto el abanico de posibles profesiones para mi futuro era amplio, o por lo menos podía abarcar actividades que involucrasen letras y números. Ahora que lo pienso hasta parece haber una contradicción o una lucha de poderes en esa situación: ¿como era posible que me gustasen las matemáticas y al mismo tiempo las letras? Significaba ello que estaba más abierto a la incorporación de conocimientos? De ser asi, ¿en que momento dejé de apreciar a los números? ¿Por qué comenzé a tener miedo de las matemáticas? Se suele temer lo que no conocemos. Pero también a lo que no dominamos. ¿Cuando dejé de tener el control sobre los números? ¿Implicó ello un triunfo de las letras, de las palabras? No estoy seguro. Desde el punto de vista de mi vida actual no hubo victoria para las letras ni para los números: no soy escritor, ni periodista, mucho menos economista. Probablemente no interese mucho, por ahora, saber qué soy sino qué fuí. Toda la secundaria los números y las letras convivieron en mi. No sé si fue de manera armoniosa pero por lo menos no evidenciaron su rivalidad, quizás por aquello de estar predispuesto a recibir el conocimiento: mi intelecto se nutría de las letras y los números. Con el inicio de mi actividad laboral los números parecieron sacar ventaja, hacerse más fuertes. En mis primeros trabajos manejé dinero. Fuí desde mozo de la cafeteria de la empresa, pasando por cadete de la sección Caja y Bancos, hasta, luego de una meteorica carrera ascendente, el cajero de moneda extranjera. Todo ese período de mi vida pareció ser el triunfo definitivo de los números, de las matemáticas. Pero un día todo se fue al tacho. Esa será una historia para otro momento. Lo que interesa decir ahora es que a partir de entonces los números quedaron sepultados hasta el día de hoy. (Continúa)

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