BIENVENIDOS

No soy politólogo, ni sociológo, ni historiador, ni critico literario. Tampoco soy profesor, escritor o músico. Aunque les confieso que me gustaría ser algo de todo lo que mencione. Vivimos tiempos cruciales, intensos. No es momento de callarse la boca, de cruzarse de brazos. El pensamiento y la acción ponen en movimiento las ideas. Ellas siempre nacen crudas, incompletas, imperfectas. Razonarlas a fuego lento, difundiéndolas y discutiéndolas, es tarea crucial de la existencia. En éste, mi blog, intento concretar esa tarea. Te invito a pasar, si tus intenciones son reflexionar, argumentar y debatir con respeto por la opinión del otro.

28 feb. 2011

CARTA A MI VIEJO

Lunes 28 de febrero de 2011. Hoy se cumplen cuatro semanas de tu fallecimiento. Todo este tiempo me ha costado una barbaridad poder escribir de vos, y para vos. Pero siento la necesidad de escribirte, de contarte lo que estoy sintiendo, lo que estoy pensando. Siempre costó mucho comunicarnos entre nosotros. En esta carta te digo "viejo" pero mientras vivías jamás me dirigí a vos de ese modo. Tutearte no cabía en mi razonamiento. Siempre el "Usted" estaba presente en nuestros díalogos. Hoy en día esa formalidad ya adquiere sentido de anacronismo, de ser antiguo y hasta causa gracia en las nuevas generaciones. Sé que ese formalismo actuaba como un factor que potenciaba la distancia entre nosotros pero te diré que en cierto modo reivindico esa "antiguedad" porqué demostraba el respeto que te tenía. Respeto no es Miedo. Muchos padres actuales, con la excusa de ser mucho más "amigos" de sus hijos han priorizado un supuesto amor y compañerismo por sobre el respeto que los hijos deben tener a sus padres. / Ahora me doy cuenta lo difícil, lo complejo, que es ser padre. Recuerdo que muchas veces "cobramos" con tu cinto. Y que nadie diga que te extralimitabas. Seguramente que lo merecíamos. Pero tengo bien en claro el recuerdo de cuánto te dolía tener que pegarnos por alguna travesura. Pasado el peor momento del llanto te sentabas junto a nosotros y nos consolabas. No pedías perdón, pero tampoco nosotros esperábamos que lo hicieras. Ello sería como abrir una grieta en la muralla de tu autoridad. Hoy en día me veo reflejado en ti cuando tengo que imponer mi autoridad sobre las travesuras de mis nenas. Cierto es que no me saco el cinto, aunque un "chirlo" con la palma de la mano es suficiente para causar dolor. Cómo será así que enseguida las abrazo para que sepan que lo que hicieron estuvo mal pero que a pesar de ello y del enojo inicial papá las sigue amando. Y vos nos seguías amando porque siempre tratastes de inculcarnos lo que te parecía mejor y necesario. Desde la permanente necesidad del estudio para ser alguien en la vida hasta principios básicos de honestidad y de defensa personal en caso de tener que resistir las agresiones de quienes buscasen agredirnos. Ay viejo! Qué duro habrá sido tener que alimentar a tu familia cuando la situación laboral se complicaba cada día más. Hemos pasado hambre pero sería muy injusto reprochartelo. La dignidad de las personas suele fortalecerse en tiempos de adversidad. / Viejo, no te voy a negar que muchas veces también me enojé con vos y hasta llegué a sentir vergüenza que fueras mi padre. Todos tenemos una debilidad, un talón de Aquiles, y en tu caso era la bebida. Fue algo que nunca pudistes dominar del todo. Había temporadas donde parecía que tenías el control pero esas temporadas no eran muy extensas. A pesar de todas esas malas épocas de pobreza y descontrol siempre procurastes darnos lo mejor que podías y lograstes criar y formar cuatro hijos varones que te amaron y respetaron. Porqué nadie tiene el secreto para ser el padre ideal. Todo buen padre procura la felicidad de sus hijos más allá que tenga que enfrentar a sus demonios, tanto internos como externos. La muerte es así de tramposa, te lleva en el momento menos esperado. Aunque quizás uno intuye a veces que todo puede terminar pronto. Ese último mes que estuvistes con nosotros justamente fueron tus vacaciones y las aprovechastes para visitar a tus hijos, para compartir esos asados que vos hacías o para arreglar algún desperfecto eléctrico de algún aparato. Quizás la pena que uno llevará por siempre es no tener forma de advertir si el final será hoy, mañana o pasadomañana. Uno nunca está preparado para despedir a quien pronto ha de partir, fundamentalmente porque ni imaginamos cuando ha de ocurrir. Viejo tengo tanto para decirte, pero una carta jamás será suficiente. Quizás en este momento me estes viendo llorar. Necesito hacerlo por más que este dolor que estoy sintiendo en el pecho me acompañe por siempre. Solo te diré ahora que te extraño muchísimo, que te necesito y decirte algo que quizás nunca te lo dije con todas las letras y en mayúscula: TE AMO VIEJO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario